MI HIJO TIENE UN AMIGO IMAGINARIO, ¿ES NORMAL?


¿Qué son los amigos imaginarios? 

Los amigos imaginarios son personajes ilusorios que los niños crean habitualmente con un objetivo lúdico. Esta situación novedosa y llamativa genera a los padres mucha preocupación, haciéndose preguntas acerca de la normalidad de la conducta, cómo deben actuar, si hay que permitirlo o no, etc. Aquí resolveremos algunas dudas al respecto y daremos pautas específicas para actuar ante el amigo imaginario.

¿Por qué se produce este fenómeno? 

Los amigos imaginarios aparecen sobre los dos o tres años, siendo un fenómeno natural, que no debe preocuparnos.

El amigo imaginario surge para ayudar al niño a crecer, a desarrollar la creatividad e imaginación, expresarse, liberar sus emociones, tomar más confianza en sí mismo aumentando la autoestima y mejorar sus habilidades para relacionarse.

Algunos estudios indican que los niños que son hijos únicos son más propensos a tener amigos imaginarios, así como en niños que han pasado por una situación difícil (divorcio de sus padres, fallecimiento de algún familiar…). En estos casos la figura del amigo imaginario suple una necesidad, que desaparecerá cuando el niño se sienta nuevamente fuerte, ayudándole en el transcurso de adaptación y afrontamiento de la realidad vivida.

A esta edad, estos niños crean un mundo de fantasía paralelo, donde todo es posible y donde pueden expresar todos sus miedos, inquietudes y deseos libremente, sintiéndose apoyados y reconfortados por su amigo especial. Esta situación no implica que el niño no sepa reconocer la realidad de la ficción, sino que crea un mundo ficticio donde se siente feliz y que le ayuda a dar rienda suelta a su imaginación, permitiéndole ser libre. A medida que el razonamiento lógico, el lenguaje y las capacidades intelectuales van desarrollándose y tomando más relevancia con la edad, sobre los siete u ocho años, estos amigos tienden a comenzar a desaparecer de manera paulatina.

¿Cómo debemos actuar los padres? 

Si bien es una situación natural que no debe preocuparnos, los padres no deben fomentar y alentar la relación con el amigo imaginario (llamarlo, ponerle un plato más en la mesa, fingir que le hablamos…) ni tampoco rechazarlo, prohibirlo o negar su existencia (racionalizarle al niño sobre la inexistencia de su amigo, castigarlo, etc.). En este sentido, lo más adecuado es mantenerse como observador, permitiendo que el niño actúe libremente y estando atentos a las necesidades que podamos detectar. Es importante tener en cuenta que el amigo surge como una necesidad y un proceso de crecimiento, por lo que debemos dejar que la situación fluya por su cauce natural.

Además, resulta apropiado mostrarnos comprensibles y cercanos para que el niño pueda expresarse y encontrar en los padres el soporte que puedan necesitar.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Los amigos imaginarios ayudan al niño a crecer y desarrollarse, sin embargo, existen conductas a las que debemos estar atentos. Algunas de estas situaciones son:

• Cuando el niño ha dejado de relacionarse con otros niños o se aísla para estar a solas con su amigo imaginario.

• Cuando el niño se muestra agresivo o violento en la relación con su amigo imaginario, o cuando éste le produce miedo e inquietud.

• Cuando el niño cuenta experiencias negativas en relación a la amistad con su amigo imaginario (le obliga a hacer cosas que no quiere, se enfada si tiene otros amigos, etc.).

• Cuando no obedece en el hogar debido a la relación con su amigo imaginario.

 • Cuando se muestra retraído y triste. Ante alguna de estas situaciones lo más adecuado será observar atentamente, hablar con el niño para recabar más información con la mayor naturalidad posible y consultar con un especialista para descartar otros problemas existentes.

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