NIÑOS AGRESORES SEXUALES

Un 15-20 por 100 de la población puede experimentar algún tipo de abuso sexual a lo largo de su vida. Los menores no son únicamente protagonistas como víctimas de la agresión, sino que también pueden ser agresores. De hecho, el 20 por 100 de este tipo de delitos está causado por otros menores.




El abuso sexual es definido como cualquier actividad sexual entre dos o más personas sin consentimiento de alguno de ellos. Puede producirse entre adultos, de un adulto a un menor y entre menores.

Se habla mucho de las víctimas de abusos sexuales, pero no tanto de los agresores sexuales, sobre todo cuando se trata de niños. Vamos a conocer un poco más qué puede haber detrás de un agresor sexual:

Algunos factores precipitantes para ser un menor agresor:

  • Ser o haber sido víctima de maltrato o abuso sexual. (efecto espejo: influencia de experiencias de abusos infantiles en comportamientos futuros)
  • Tolerancia social y debilidad en las sanciones ante el abuso sexual. 
  • Capacidad del agresor para superar barreras externas (por ejemplo, falta de vigilancia, momentos a solas con las víctimas…) 
  • Poca capacidad de la víctima para resistirse o evitar el abuso (por ejemplo, que ignore información acerca de las partes de su cuerpo y del abuso, inseguridad emocional de la víctima…). 
  • Exposición a pornografía. 
  • Desestructuración familiar y estilos educativos inadecuados (por ejemplo, demasiado permisivo o negligente). 


¿Y si mi hijo es agresor sexual? 

El papel de los padres es clave en esta situación tanto para garantizar la prevención de nuevos abusos, como para proporcionarles el apoyo psicológico necesario para afrontar la situación creada y alcanzar los objetivos planteados.

Lo mejor para actuar de manera correcta es hacerlo de la mano de un profesional. Él informará sobre qué factores han precipitado la situación en cada caso concreto, debemos entender por qué nuestros hijos actúan de determinada manera y eliminar prejuicios o creencias erróneas sobre los abusos.




A continuación se darán unas breves pautas específicas para padres:

Lo que NO hay que hacer: 

  • NO justificar o minimizar los actos abusivos. 
  • NO responsabilizar a las víctimas. 
  • NO transmitirle que olvide lo sucedido. 
  • NO utilizar etiquetas peyorativas hacia el menor. 
  • NO dejarse llevar por la rabia y castigar de manera inconsistente. 
  • NO avergonzarle delante de amigos o familiares. 

Lo que hay que hacer:

  • Dar su justa importancia a los abusos. 
  • Escucharle cuando quiera hablar de ello. 
  • Ofrecerle apoyo y comprensión para la asunción de los hechos. 
  • Animarle a asumir responsabilidades y ser consecuente.
  • Llevarle a terapia psicológica. 


Aspectos importantes en el menor ante la efectividad del tratamiento: 

  1. Negación del abuso: el tratamiento resultará mucho menos efectivo si el menor no asume los hechos. 
  2. Escasa motivación al tratamiento: la extinción de la conducta va a depender de la eficacia del tratamiento, para ello el menor debe tener una buena predisposición, en esto es clave una buena relación con los padres y con los profesionales que estén trabajando en el caso. 
  3. Ideas distorsionadas en relación con el abuso sexual: en muchas ocasiones lo que ocurre es que el menor agresor no es consciente del significado de sus actos lo que le lleva a la minimización de sus comportamientos abusivos o atribuye la culpa a la víctima. Por ejemplo, algunos pensamientos distorsionados son “lo que hacía era solo un juego”, “no decía que no. No decía nada”, “se reía”, “no le importaba”… 
  4. Canalización de los impulsos sexuales inadecuados: ayudarles a canalizar los impulsos sexuales de manera correcta. 
  5. Aumento de las habilidades sociales: en muchas ocasiones una de las causas o precipitantes a ser un agresor sexual es la falta de un círculo social estable con iguales que sirva como apoyo emocional, esto lleva a los menores a sentir la necesidad de autoafirmarse a sí mismos y lo hacen de esta forma. Al trabajar las habilidades sociales se trabaja la empatía, clave en la prevención de recaídas de estas conductas. 
  6. Aumento de autocontrol y mejora de la autoestima. 


Debe resaltarse que el menor agresor sufre durante el proceso de abuso, en muchas ocasiones sienten alivio cuando se destapa la situación, pues esta es la única manera que ven de ponerle fin. Ellos también pueden llegar a ser víctimas de sus propios actos.

Se debe proteger a las víctimas ante todo, pero también al menor agresor. En el caso de estar escolarizado se debe intentar que finalice los estudios de ese curso.

Por mucho que nos pese, no debemos caer en la estigmatización de considerar a los menores protagonistas de la agresión como delincuentes sexuales imposibles de ser tratados, evitando caer en posturas estereotípicas.  Durante la infancia y adolescencia la identidad sexual se está conformando y a veces estas conductas son exploratorias, lo cual no significa que no deben abordarse y corregirse.

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